Dicen que un clavo saca a otro clavo, que no hay más desprecio que no dar aprecio. Tantos refranes y dichos sobre lo mismo. Quizá ya me costaba volver a creer en el amor.
Siempre me sentí cómo lo que era: un segundo plato; pero no un segundo plato cualquiera, sino peor, el segundo plato de un menú con plato único.
Pero tal vez el destino se cansó de ser tan duro conmigo y se le cantó darme una segunda oportunidad.
Vamos despacio, eso intento. Apresurarme no es la solución a nada
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